lunes, 20 de diciembre de 2010

Fin de año

Creo que me tomaré un descanso de aquí a 2011. En los últimos días he sido incapaz de terminar las historias que empiezo a escribir, así que acumularé fuerzas para empezar con ganas el nuevo año. Disfrutad estos días de comidas, cenas, familia y regalos y después de Nochevieja nos vemos de nuevo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Té pamalesrotiquino

Cuando se descorrió el tupido velo apareció tu rostro como un suspiro ciego en la noche. Llegaron poco a poco el instante esperado, la palabra adecuada, el silencio inviolable, la mirada perfecta... Se alinearon los planetas en torno a nosotros tras una deliberación en la que ningún argumento contrario al hecho aquí descrito fue escuchado.

Las superficies carnosas de nuestros labios, atravesando nubes de humo olor manzana, estallaraon en una explosión de sabor cuya onda expansiva se extendía hacia límites insospechados en cada contacto. Supieron dar forma al incuestionable dogma de la pasión, cuyos más devotos creyentes lo secundan con ardiente extremismo siempre y en todo lugar.

El tacto inherente a la piel se hizo presente en forma de caricia. Se unieron las manos entrelazándose como las raíces de un roble se aferran a la tierra de la que se alimentan. La suavidad de jóvenes epidermis entraban en extásis con cada conjunción. Delicadamente recorrían cada poro, cada lunar, cada célula. Se trataba de un minucioso trabajo, pues ha de ponerse mucha atención en el oficio del amor para complacer al prójimo.

Mientras tanto, dos tés se enfriaban en la mesa esperando ser bebidos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Propósito

Ya he sobrevivido durante bastante tiempo. Ahora trataré de vivir, sin ningún tipo de preposición o adverbio delante.

martes, 30 de noviembre de 2010

Me queda la palabra

Cuando desde la más tierna infancia has escuchado una voz, permanece por siempre intacta en tu memoria pasen los años que pasen. Cuando esa voz ha cantado los versos más hermosos y célebres de la poesía en lengua española (bien de nuestro país, bien de América Latina) entonces se convierten en algo inherente a tu mente y tus sentimientos. Blas de Otero, Alberti, Neruda, Guillén, Hernández, Lorca, Celaya, Góngora, Quevedo, Manrique... todos ellos y otros tantos llegaron un día a mi oído en su voz y en los acordes de su guitarra.

Hoy salió de nuevo al escenario en el Teatro Principal de mi ciudad, Zaragoza. Paco Ibáñez solo frente al público, con la única compañía de su inseparable guitarra. El atrezzo estaba compuesto por una silla en la que Ibáñez apoya su pierna izquierda flexionada, como en esas instantáneas de sus conciertos en el Olympia de París, una moqueta roja y una mesa con mantel negro sobre la que había un vaso de agua. Sobriedad absoluta. Su vestuario oscuro permanece intacto, escondiendo su vejez, mas su pelo blanquecino da fe del paso de los años.

A pesar de esto, Ibáñez conserva inalterable sus ansias de lucha, de libertad. Dedicó el concierto a la figura de Labordeta, poniéndolo como ejemplo de ciudadano y hombre al sevicio de los hombres. Nos exhortó en cada discurso a alzarnos contra aquellos que quieren manejar nuestros hilos a perder nuestra condición de títeres, levantarnos contra las injusticias sociales, juzgar a los criminales que todavía quedan impunes tras la puta guerra, exigir a nuestros gobernantes lealtad a sus principios, lealtad al pueblo que dicen representar. Nosotros hemos de ser los propios guías de nuestros destinos.

La noche de hoy permanecerá por siempre en mi recuerdo, pues tal vez haya sido la única ocasión que he tenido de verle en concierto. Ojalá su voz resista por mucho tiempo el envite de la edad y sus cantos permanezcan por siempre en mi mente.

Un deseo

Ojalá al despertar una densa capa de nieve cubra la ciudad impidiéndonos cumplir con nuestras obligaciones por un día. Aunque sólo sea por un día.

domingo, 28 de noviembre de 2010

miércoles, 24 de noviembre de 2010

24 de noviembre

-Felicidades, Abuelo.

-(Silencio al otro lado del teléfono)

-¡Abuelo! ¡Felicidades!

-Eh...

-¿Qué día es hoy, Abuelo?

-(Silencio)

-¿Qué se dice cuando te felicitan, Abuelo?

-(Silencio)

Me doy por vencido y cedo el teléfono a mi madre. Tal vez ella pueda sacar alguna palabra de boca de mi abuelo, pero es obvio que el alzheimer va menguando cada día más sus capacidades físicas y mentales. Hoy cumple 86 años. Seguro que él lo sabe a pesar de todo.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sáhara

Hoy he despertado alterado por un bullicio en la calle. Me he asomado a la ventana para comprobar qué ocurría cuando he visto a mi hermano Mohamed corriendo mientras era perseguido por un policía. Había mucho humo y se oían disparos hechos al aire. Junto a él había muchas más personas lanzando piedras contra los patrulleros, que respondían con balas. Mi madre se ha apresurado a apartarme de la ventana tapándome los ojos. Ha cerrado las cortinas quedándose la casa a oscuras. No tenemos nada salvo este habitáculo en el que vivimos mi madre, mi padre, mi hermano y yo, aunque desde hace tres noches mi padre no ha vuelto a casa. Marchó con el padre de mi amigo Djamil a "reclamar un trato justo para nuestro pueblo" según dijo y todavía no sé demasiado bien a qué se refería. Mi hermano dice que el rey de Marruecos es un tirano que quiere eliminar el pueblo saharaui, el pueblo al que pertenezco. Tal vez eso tenga algo que ver con el objetivo que busca mi padre. Mi madre dice que lo que está ocurriendo estos días en nuestro campamento es terrible y que seguramente tengamos que dejar nuestra casa. Tratan de ocultármelo hablando siempre en voz baja, pero no soy tonto. Sé qué sucede algo grave aunque no sé muy bien qué significa todo esto.

Quisiera hacer que cesara la tensión existente estos días en mi ciudad y poder ir a la escuela porque me gusta mucho leer. Me ha enseñado un grupo de voluntarios que ha venido a ayudarnos y me siento muy feliz. Pero ahora, con todo lo que acontece en las calles de El Aaiun es imposible salir de casa. Me gustaría salir a jugar con mi amigo Djamil, pero llevo días sin verle. Mi madre me dice que está bien y que su padre está con el mío de viaje. Yo finjo creérmelo pero intuyo que no es verdad. Intuyo que han desaparecido, que la policía les habrá hecho cosas malas que no puedo imaginar. Sólo quiero que vuelvan pronto a casa.

Ahora me voy a dormir. Mis amigos voluntarios también me han enseñado a escribir y me gusta mucho. Tal vez algún día escriba cuentos como los que leo en mi pequeña escuela. Quiero ser un escritor y contar a los niños que viven en Europa que aquí también hay niños que jugamos con los juguetes que ellos ya no utilizan, que usamos la ropa que a ellos se les ha quedado pequeña y reímos con los libros que ya no leen.

No sé si alguien me leerá al otro lado del mundo, pero espero que sepan que aquí, en un país llamado Marruecos, hay un pueblo oprimido que sufre.

martes, 9 de noviembre de 2010

Rumbo a una vida mejor

Una vez hubo atravesado la alambrada, se puso a refugio entre unos matorrales mientras un can de aspecto terrible merodeaba no lejos de su posición. Comprobó en su reloj digital la hora mientras trataba de recordar cuánto tiempo había pasado desde su huida. Hasta ese instante se hallaba recluido en un habitáculo de dimensiones reducidas sin ventanas. Sólo la puerta que daba al exterior le permitía tres veces al día contemplar la luz del Sol, en los momentos que le eran dados el desayuno, la comida y la cena. El resto del tiempo discurría en una penumbra total sin ningún tipo de aliciente para pasar el tiempo salvo sus propios pensamientos. Venía a su mente el rostro de su hija en forma de vívido recuerdo. Podía percibir su sonrisa de ángel, escuchar sus carcajadas cuando le contaba aquellos cuentos que un día a él le contó su padre para olvidar la miseria en la que vivían. La voz de su mujer recordándole cuánto le ama resonaba límpida y dulce en su memoria. Deseó hacer el amor con ella una vez más. La imaginó en su desnudez totalmente exultante de belleza. Veía su cuerpo nítido, palpaba su piel oscura que al despertar volvía a inundarlo todo a su alrededor, pues no había nada más en ese ínfimo zulo salvo el negro de la penumbra absoluta.

Hacía unas horas, cuando uno de sus secuestradores olvidó cerrar la puerta con llave al marchar, en un descuido poco propio de alguien que se dedica a la extorsión de emigrantes sin papeles, se deshizo como pudo de la mordaza que le impedía moverse y salió corriendo. Los primeros metros fueron un infierno. Sus huesos y músculos se hallaban entumecidos, pesados. Tenía la sensación de llevar adheridos a sus extremidades sacos de cincuenta kilos de peso, pero las ansias de libertad le hicieron correr como si fuera el fin del mundo. Sentía su corazón palpitar con tanta fuerza como si le fuera a estallar. Escuchaba los latidos cada vez más apresurados en lo más profundo de sus entrañas, el batir de un tambor anunciando el inicio de la batalla. Corría y corría sin seguir un rumbo fijo, inspirado por una fuerza sobrenatural. Corrió hasta que su pie descubrió repentinamente un desnivel que le hizo caer entre los matojos donde ahora se encontraba. Estaba tendido en el suelo, exhausto debido al gran esfuerzo realizado. El entumecimiento de sus huesos había desaparecido debido al sentimiento de libertad que ahora le embargaba. Sin embargo, la figura desafiante de aquel dóberman le obligaba a calmar cuanto antes el ritmo de sus pulsaciones así como el de su respiración. Era difícil en su estado. El can se paseó muy cerca de su posición mientras olisqueaba el terreno en busca de algo que llevarse a la boca. Su aspecto fiero le hizo pensar que tal vez perteneciera a sus secuestradores y para evitar llamar su atención permaneció completamente inmóvil. Escuchaba perfectamente el sonido de las pisadas aproximándose hacia su escondrijo. Percibía la acelerada respiración del animal e imaginaba su boca abierta con la lengua colgando. Repentinamente, el sonido de varios disparos rompió el silencio reinante en la pradera y el perro marchó corriendo hacia el lugar donde se había producido el estruendo. Entonces, Abel -así se llama el protagonista de esta historia-, se puso en pie sin pensárselo dos veces. Oteó la planicie en la que se hallaba cerciorándose de la inexistencia de peligro en ese momento. Todo parecía plácido tras la ráfaga dirigida poco antes seguramente contra algún grupo de emigrantes que no habrían aceptado las premisas impuestas por sus secuestradores para ser libres. Él se podía considerar afortunado.

Ahora debía empezar de nuevo a caminar en busca de la senda que le llevará a los Estados Unidos. Es un camino largo y harto complicado, pues los malhechores acechan en cualquier rincón, en cualquier tren, detrás de cualquier árbol, coche o puesto de tacos. Acababa de llegar a México procedente de Guatemala, donde en una pequeña aldea cercana a Río Seco le esperaban una mujer y una hermosa niña de las que ya os hablé hace un momento. Ojalá Abel vea colmados sus deseos de bienestar para su familia.

18.000 migrantes centroamericanos son secuestrados en México cada año en su búsqueda de la prosperidad.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Brevedad

Y cuando al fin cayó la noche, tu sonrisa siguió acompañándome en mis sueños.

Fragmento de "El amor y otros problemas". M.B.

Caí en la cuenta de que tus besos ya no me llenaban hace tiempo. No fue algo instantáneo, pues precisé de muchos días para cerciorarme de este hecho. Ahora que mi amor por ti ha perdido su pureza, pues si de veras te amaba jamás lo habría planteado, continúo mi marcha en busca de nuevos corazones por conquistar, introduciéndome en el alma de nuevas y hermosas mujeres al acecho de un amor para toda la vida. Tal vez debería tomar de una vez la decisión de dejarlo todo y centrar mis intereses en socavar la información necesaria, en transgredir las reglas más elementales de la ética y martirizar de manera inhumana a cuantos corazones sean necesarios para tener en mi mano ese amor que tanto anhelo.

Quiero verme inducido por el campo gravitatorio de un agujero negro. Sentir de una vez esa compresión absoluta, experimentar la reducción a un tamaño infinitamente menor al que ahora poseo. Que mis órganos exploten, mis huesos convertidos en polvo vuelvan a su estado originario, pues la materia ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Así, que el amor me haga perder la coraza formada por mi cuerpo, me extasíe hasta el extremo de olvidar la noción del mundo y mueran las horas en la incomprensión más absoluta.

Entonces seré feliz.

sábado, 30 de octubre de 2010

La tierna infancia

El pequeño iba golpeando el parche con sus baquetas rítmicamente. Estaba haciendo música. No había notas, pero el ritmo y los matices eran suficiente para crear una atmósfera especial, mística, extraterrestre. Cuando concluyó su ejecución, me miró y se tiró un pedo.

lunes, 25 de octubre de 2010

Obituario

Vestía siempre traje negro, camisa blanca y a la izquierda, junto al corazón, lucía un clavel rojo. Debía buena parte de su elegante aspecto a los cuidados y mimos de su mujer, que le llevó en volandas desde que le conoció hasta este triste día en que ha decidido marcharse sin perder en ningún momento el buen humor. En su semblante siempre había una sonrisa. Continuamente andaba maquinando bromas, cantaba canciones que le habían acompañado durante toda su existencia y no se privaba de su vaso de vino ni siquiera en esta última temporada de su vida.

Mi tío era un crack, en pocas palabras. Me hubiera gustado conocerlo de joven, pues debió ser un pícaro de cuidado. Seguro que me hubiera enseñado algún que otro truco para cortejar a las mozas. Gracias a su ingenio era capaz de sacarle la puntilla a todo de cuanto hablabas con él. Lástima que tengamos que perder a los seres que más queremos.

Siento que se haya marchado sin haberme podido despedir, pero la muerte siempre llega traicionera y a pesar de esperada, pilla por sorpresa incluso a los más previsores. Guardaré un gran recuerdo de una persona que siempre te arrancaba una sonrisa cuando te veía, un auténtico galán que supo conquistar a mi tía a pesar de la gran diferencia de edad existente entre ellos.

Que descanses en paz, Roque.

miércoles, 20 de octubre de 2010

A mi Madre

A veces tienen que ocurrir hechos trascendentales a tu alrededor para que te des cuenta de lo poco que vale esta vida, de lo fácil que es marcharte a nada que el envite sea un poco más fuerte. Sin embargo, también existen los pequeños avisos que te hacen reaccionar y ponerte frente al mundo con toda su crudeza. Cuando los seres que te han traído a este planeta y a quienes debes prácticamente todo lo que tienes sufren algún percance serio, te percatas de que ellos te van a acompañar durante una gran parte de tu vida, pero no siempre y debes por ello aprender todo cuanto puedas de sus enseñanzas, de su ejemplo, de su amor infinito.

Ahora que momentáneamente somos tres en un hogar formado normalmente por cuatro, se observa el hueco que en otros momentos parece inapreciable. A pesar de los reproches y las malas caras que a veces se muestran, el amor de una madre es atemporal, eterno, inacabable. No hay otro sentimiento más puro en este mundo ni en otros que puedan existir, pues un hijo, para su madre, es el fin último de su vida, el auténtico significado de su existencia y de eso los hijos, a veces no nos damos cuenta. Pero en el fondo somos conscientes y aún más cuando nos encontramos lejos de ella, cuando estamos perdidos en el duro camino de la vida, cuando ella se ausenta por unos días...

Pase lo que pase, ella va a estar para recibirnos en sus brazos, esos brazos que un día nos tuvieron completamente agazapados, cuando apenas medíamos cincuenta centímetros y nos encontrábamos solos y desprotegidos ante la vida que nos recibía.

Por eso son tan importantes. Porque nunca, jamás, never, jamais, van a dejar de amarnos.

Mejórate pronto, MAMÁ.

domingo, 17 de octubre de 2010

A veces hay que tomar decisiones

El joven permaneció callado durante toda la retahíla. Su viejo profesor, cascarrabias y aquel día especialmente malhumorado, dejó caer sobre él toda su ira. El maestro se había ausentado durante demasiado tiempo de sus clases y ahora pagaba el agobio que sentía por haber faltado a su deber, con su alumno. No sólo con él, sino con todos los demás. Pero aquel día el joven se hartó, se levantó de su silla, le rebatió al maestro sus injustificados argumentos, le explicó con suaves palabras su ínfima categoría como ser humano, fue a la secretaría de la facultad donde estudiaba, se dio de baja y comenzó una nueva vida lejos de aquel maniático, ególatra y compulsivo profesor.

Al final fue feliz, pero pagó el precio de renunciar a sus sueños.

sábado, 16 de octubre de 2010

Así se las ponían a Fernando VII

Piénselo bien antes de tomar la decisión. Valore los pros y los contras, lo que deja atrás y la incógnita que supone el futuro. Es un salto importante pero no decisivo. Usted es joven. La vida le deparará otras tantas decisiones seguramente más importantes que ésta. Así que no se deje engañar por las milongas que le cuentan aquellos que le rodean. Jamás se le presentará la oportunidad de vivir tan cómodamente, con un sueldo envidiable y un trabajo absolutamente sencillo. No necesita terminar sus estudios universitarios, ni siquiera necesita saber leer. Su buena planta, su sonrisa y don de gentes son más que suficientes para dirigir nuestra empresa de carácter nacional. Usted tiene todo lo que necesitamos, será nuestro rostro, el blanco de la ira del pueblo, la cabeza visible de esta prestigiosa institución. Nosotros haremos todo cuanto esté en nuestra mano por enriquecernos y obviamente, usted se llevará una importante parte del pastel. Esas gentes obreras son fáciles de engañar. No tienen inquietudes culturales, jamás han leído a Marx o a Hegel, ni siquiera a Adam Smith. Pobres ignorantes. Nosotros les manejamos a nuestro antojo. Poseemos el control de los medios. Primero fueron los controladores aéreos, después los funcionarios, hasta hace unos días los sindicatos y ahora serán los inmigrantes. Todos ellos, simples ciudadanos, son los paganos de esta crisis que hemos creado con nuestra avaricia, pero mientras tengamos el poder, nadie osará echarnos la culpa. Y ahora, discúlpeme pero, ¿quiere usted dirigir la cartera de trabajo de este gobierno?

domingo, 3 de octubre de 2010

Entre cartones

Tchas, tchas. Chasqueó sus dedos de nuevo. Sentía en su cabeza el ritmo infernal de aquel swing. Necesitaba expresarlo corporalmente. Era un movimiento casi involuntario, como la sístole o la diástole, como la inspiración y la espiración, como una erección matutina. Estaba tirado bajo unos pocos cartones junto al Cerro. Desde allí percibía el sonido lejano producido por la sirena de un coche patrulla lanzado en una persecución vertiginosa. Ah... pero Benny Goodman no dejaba de sonar en su cabeza. Y de repente la dulce voz de Billie Holiday...

I jumped into the tryin' pan
and into the fire
When I lost me a cheatin' man
and got a no-count liar [...]

Oyó un disparo. La noche no estaba resultando del todo tranquila. Eso sí, su música no se la podían arrebatar. Tampoco su petaca siempre llena de whisky escocés. Lo compraba de contrabando, claro, con los pocos céntimos obtenidos mediante la búsqueda durante horas entre cubos de basura. Allí había objetos de todo tipo seguramente aprovechables. Los llevaba al chatarrero y a cambio recibía una pequeña remuneración. Entonces acudía a Román, un ser escuálido de tez pálida, habilidoso ladrón y granuja, capaz de extraer sin que ningún vigilante se diera cuenta botellas de los grandes tanques traídos por los buques que atravesaban el Atlántico. Era uno de sus pocos conocidos.

Mientras trataba de conciliar el sueño, notó entre la oscuridad de chapas viejas, harapos y cajones olvidados, un pequeño destello delgado y alargado. La sorpresa de vislumbrar tal imagen le sobresaltó. Se levantó para empezar a caminar hacia la luz. Se agachó. Extrajo las manos de los bolsillos lentamente, aterido por el frío. Comenzó a tirar de aquella extraña barra.

"Mientras recorro el contorno con mis dedos, siento la suavidad de la madera tanto tiempo añorada. Esta superficie lisa, la forma cilíndrica, su cabeza terminada en una pequeña bola. Es inútil. Ya no sería capaz de coordinar pies y manos, ojos y boca. No podría seducir a las mujeres que venían a verme al Holy Blue para derretirse con mis movimientos mientras yo decidía a cuál de ellas llevarme a la cama. Pasó tanto tiempo desde aquella noche. Si no hubiera venido aquella zorra. Me engañó como a un principiante, pero esos ojos eran capaces de engatusar al más audaz de los bribones. Todavía puedo recorrer con mis manos las cicatrices. Su novio, ese maldito mafioso de Drake, me pateó el culo y la cara de lo lindo junto a sus amigos. Ahora me encuentro esta maldita baqueta que tanto me dio. Maldita sea, fue lo único bello y real de mi vida. Desde que la dejé, acojonado por las amenazas de esos matones me estoy pudriendo en este asqueroso barrio, olvidado por unos, traicionado por otros, odiado por unos cuantos maridos cornudos. Qué truhán fuiste. Mereces acabar así."

Tchas tchas tchas. Volvió a chasquear sus dedos. Lanzó la baqueta al mar. Quedó en silencio, ahora sólo interrumpido por la voz de Billie Holiday.

How carelessly
you gave me your heart
and acrelessly I broke it, sweeheart
I took each tender kiss you gave to me
every kiss made you slave to me

Sus manos sintieron de nuevo el calor de los bolsillos. Se acomodó entre los cartones tratando de conciliar el sueño. Cerró los ojos. Ahí estaban. Las baquetas se movían de un lado a otro. Su campo visual era ocupado por ellas. De nuevo esa pesadilla inacabable, esas malditas ansias insatisfechas, ese amor irreal y pendenciero. Se quedó dormido mientras repetía el final de aquella canción...

Then carelessly
I told you goodbye
But now at nihgt I wake up and cry
I wish I knew a way to find the love
I threw away so carelessly

domingo, 19 de septiembre de 2010

Labordeta, hasta (la victoria) siempre

Te has marchado en silencio esta fría noche. El cierzo batía la ciudad de Zaragoza y yo intentaba hacer música pero mis músculos no respondían. Por un momento se calmó el aire, como anunciado tu partida, pero era incapaz de concebirla en mi mente abstraída por la emoción de la noche.

Ahora que has emprendido el vuelo hacia la eternidad. Ahora que tu presencia ha abandonado este mundo, tus palabras joviales hace apenas unas semanas en la radio me animan a seguir viviendo, a pensar que podemos cambiar el rumbo, a creer en tus sueños de libertad.

Lloro tu marcha porque siento la pérdida de un referente, un icono de mi juventud aún inquieta y revolucionaria, ansiosa de un futuro mejor para la humanidad.

Ojalá la gente como tú pudiera vivir siempre, ayudando a construir un planeta más justo, un país más hermoso e igualitario, una existencia apacible.

Siempre enarbolaré la bandera de tus principios. Nunca dejaré de cantar los versos de tus canciones. Estas lágrimas no caerán en saco roto y no permitiré que nadie se burle de ellas.

Tus poemas son mis anhelos, tus palabras mis salmos, los himnos de un pueblo.

Navega ya en tu travesía eterna.

Somos como esos viejos árboles...

Siempre acabas llegando

Ahora que sólo queda la noche
y tú y yo sobrevivimos al ocaso
No ha en el mundo otra señal de vida
una palabra a cuestas, una mirada
un rostro de eternas dudas
un mar tejido con hebras de hermosura.

Si tú no estás todo es la nada
el inconcebible afán de tu amargura
la olvidada parada de este tren
que tiembla cuando alguien se pregunta
si en verdad la muerte es su tortura.

Entonces nadie viene a mi rescate
y queda siempre un fiel reposo
el eterno amor allá en mi nuca
mientras tú vives mi ausencia
sin nadie que disfrute tu ternura.

Cuando veo allá tu rostro
reflejado en cientos de argucias
y tu voz llega volando a mis oídos
no puede haber lugar a duda
pues eres tú quien viene a mi llamada
en la noche carente de tu luna.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Diez motivos para ir a la huelga

En estos aciagos días mucho se está debatiendo acerca de la conveniencia o no de secundar la huelga general convocada por los sindicatos UGT y CCOO el próximo 29 de septiembre como protesta ante la reciente aprobación de la Reforma Laboral planteada por el Gobierno de Zapatero. Tras darle muchas vueltas al asunto, acerca de las ventajas del sí o del no, finalmente he decidido apoyar esta protesta debido a los siguientes motivos:

1. La Reforma Laboral, que da alas a los grandes empresarios responsables principales de esta crisis a continuar haciendo lo que les dé la real gana. Conviene recordar que en nuestro país están encabezados por el Señor Díaz Ferrán, responsable de un ERE que afectó a más de 2000 trabajadores del Grupo Marsans así como la desaparición de la aerolínea Air Comet junto a 700 puestos de trabajo. INTOLERABLE.

2. El Capitalismo está llegando a su máximo punto de corrupción. Las entidades públicas no deben sufragar los despilfarros cometidos por los grandes empresarios y banqueros, pues con ello están tolerando el comportamiento y favoreciendo los abusos que llevan años cometiendo contra sus trabajadores y en favor de enriquecerse más si cabe.

3. Evitar la victoria de la derecha, pues si no acudimos les estaremos dando motivos para endurecer una reforma ya de por sí terrible para los trabajadores, en un hipotético caso de que alcancen el gobierno en las próximas elecciones generales.

4. Los jóvenes tenemos la responsabilidad de allanarnos el camino para un futuro que se antoja bastante oscuro, ya que nuestros adultos son incapaces de guiarnos.

5. Si la huelga fracasa, los sindicatos (de acuerdo que éstos también necesitan una profunda reforma) verán mermada su influencia en las decisiones del gobierno. Se trata de un asunto muy grave, pues son la única defensa con la que cuenta el trabajador de a pie frente a los voraces gurús de la economía nacional.

6. En caso de que la huelga estuviera convocada contra el PP, saldríamos todos a la calle (yo, el primero), pero debemos expresar siempre nuestro descontento sea cual sea el signo del gobierno.

9. Debe aumentar la presión fiscal sobre los más ricos, incrementando sus impuestos al Estado en relación con sus ingresos y patrimonios. Los incrementos recaudatorios no pueden afectar sólo a los más débiles.

10. Este país sólo sale a la calle cuando se ganan mundiales de fútbol. Ya es hora de demostrar al mundo que somos una democracia madura, capaces de defender nuestros derechos como ciudadanos y exigir a nuestros políticos una respuesta acorde a nuestras necesidades e intereses.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Anhelo de Estambul

Una inmensa luna llena nacía en el horizonte del Bósforo. Las siluetas negras proyectadas por los minaretes de las mezquitas sobre la lona blanca del satélite rompían la uniformidad del astro más próximo a nuestro planeta. Aquí, en la azotea del edificio que habito en la calle Tiyatro, muy próxima a la mezquita de Beyazit, en el núcleo primigenio de Estambul, me disponía a pasar una noche más admirando la belleza infinita de esta gran urbe.

Poco a poco se apagaban los ecos de la última oración de la jornada, cuyos versos invadían hacía apenas unos minutos incluso el rincón más escondido de la ciudad. La mayoría de los estambulitas oían con indiferencia la cantinela de los muecines mientras daban fin a su jornada laboral y otros muchos se amontonaban en las zonas turísticas para ofrecer camisetas, collares o té a los visitantes llegados de todos los rincones del mundo.

Mi privilegiada posición me permitía observar la viveza presente en la noche. Gente que va y viene ofreciendo droga, pidiendo una pocas liras para sobrevivir o regresando a sus hogares bien en autobús, bien en tranvía, bien en coche. En un edificio cercano al mío veía encendidas las luces de un taller ilegal. Seguramente se encontraban tejiendo camisetas magistralmente falsificadas del Fenerbahçe, del Besiktas o del Galatasaray, los tres equipos de fútbol por antonomasia de Estambul, que luego serían vendidas en los puestos del Gran Bazar o simplemente en cualquier acera del centro histórico de la ciudad. La vida no se termina una vez el Sol ha desparecido, sino que se inicia otra mucho más frenética a la par que clandestina.

Yo, enclavado en la azotea, admiro este maravilloso espectáculo cómodamente sentado, pues el movimiento presente en las calles de Estambul no se parece al de ningún otro lugar. La gente viene y va inalterable, el bullicio de los vendedores al proclamar los precios de las especias, las joyas, bolsos de piel o alfombras convierte la ciudad en un inmenso mercado. Todo se vende, en todas las esquinas, en el rincón más recóndito e impensable. Se trata de un carácter inherente a la ciudad, pues el enclave entre dos continentes e importantes rutas comerciales, hacen que Estambul siga siendo uno de los mejores lugares del planeta para encontrar cualquier tipo de producto.

De repente observé en el cielo una estrella fugaz. El reflejo de su estela pudo verse en el mar de Mármara, sosegado ante la calidez de la noche. Era verano y eso se notaba en la temperatura, pues dormir al raso no era factible durante otras épocas del año más frías. Desde aquí se podían atisbar los barcos que yacían junto a la costa y podía percibir el olor del pescado recién hecho en las bulliciosas y alegres calles de Kumkapi, el barrio de los pescadores. Podía intuir el griterío de los puestos, a las gentes más sencillas ingeniar métodos para ganar dinero fácil como situar básculas a pie de calle y así, aquél que lo desee pueda pesarse a cambio de unas pocas liras.

Llegaba inexorable la hora de dormir. Necesitaba recuperar fuerzas tras un día duro buscando la esencia de la ciudad. Me encontraba agotado, rendido. Ahora había llegado el momento del receso, pues la noche siempre trae paz y sosiego en medio de esta selva. Echo un último vistazo a los minaretes y cúpulas de Santa Sofía y la mezquita del Sultán Ahmed. Mañana seguirán ahí, erguidos y orgullosos para asombro del mundo, simbolizando la fraternidad entre pueblos y religiones.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Palabra de Dios

Ya hice suficiente esfuerzo hoy al levantarme
No intenten pedirme que cambie el mundo
que elimine fronteras
que encierre en la cárcel políticos corruptos
o que haga brillar el sol para todos.

Soy vago, perezoso y vanidoso.
Háganse a la idea de que les moldeé
a mi imagen y semejanza
así que no esperen nada de mí.

No moveré un dedo por evitar terremotos
secuestros de inocentes
o matanzas étnicas.

Me limitaré a verlo todo
desde mi cómodo trono celestial
mientras ustedes me adoran
creyendo que su vida aquí será más fácil.

Así que sigan haciendo el mal
extendiendo el miedo entre ustedes
pues sólo así seré alabado
ya que sin miedo
el ser humano es libre de ataduras morales
y yo me vería condenado a la inexistencia,
pues mi único hogar se halla en sus mentes.

Yo soy la salvación.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El reproche

Una vez escuché a alguien reprochar a sus padres el hecho de haberle dado la vida, pues esto había supuesto la condena a una existencia de dolor, miseria y tristeza. Por su culpa, había tenido que ver día a día la inmoralidad tan generalizada en la gente, la pura avaricia, la traición por una necesidad más que dudosa por poseer más que el vecino, la envidia. Sentía asco por casi todo cuanto le rodeaba y sólo aceptaba recibir consejo de unos pocos entre los cuales me encontraba yo, un anciano que había visto mucho más que él pero a la par había conseguido equilibrar el sentimiento de indignación ante la humanidad con el de amor por los escasos momentos hermosos que la vida me había concedido y aún hoy me concede.

Un día de tantos, nos encontrábamos conversando animadamente en el bar sobre los últimos casos de corrupción aparecidos en un partido político de nuestro país. Los dos estábamos de acuerdo en que la democracia era algo que había costado muchísimo instaurar aquí, mucha sangre y casi cuatro décadas de una dictadura asfixiante. No podemos ni debemos dejar que por cuatro ladrones se tambaleen los cimientos de nuestro estado. Sin embargo, observar cómo esos sinvergüenzas burlan a la justicia porque no hay condena contemplada para ellos o porque han untado al juez hasta las trancas, nos revuelve las tripas casi hasta vomitar. A continuación aparecía en la televisión la noticia de una nueva muerte por violencia de género. Ya van cincuenta este año. Y lo que queda. Nosotros, que no conocemos el amor, que vemos a la mujer como un ser igual a nosotros, al que hay que amar, cuidar y proteger y viceversa lamentábamos el suicido del culpable porque se había ido sin pudrirse durante todos los días de su vida en la cárcel.

Así pasábamos las tardes en el café. Cuando ya el sol se ponía y las luces artificiales de la ciudad iluminaban tenuemente las calles, como si fueran pequeñas caricaturas del astro rey, él siempre se marchaba asegurando que hoy sí iba a suicidarse, que ya no aguantaba más "toda esta mierda" y que mañana veríamos la noticia en los periódicos: "Hombre de mediana hallado muerto en su piso por ahorcamiento". Sin embargo, al día siguiente acudía de nuevo después de comer a tomar el café a mi lado. Se sentaba, pedía un cortado al camarero y comenzaba a hablar serenamente hasta que poco a poco se iba alterando, conforme llevaba la conversación al terreno de su obsesión, a la miseria humana.

Aquel día me había decidido a seguirlo. Quería comprobar adónde se dirigía después de marcharse. Como todos días, dejó el café entre amenazas de suicidio y miradas cada vez menos sorprendidas de una clientela ya acostumbrada al escándalo diario. Se había convertido en algo rutinario y sin importancia. Me levanté disimuladamente y caminé sigilosamente detrás de él, a una distancia prudente. No sospechó en ningún momento que alguien pudiera caminar a su espalda y al llegar a un determinado portal, se detuvo frente a él, extrajo un manojo de llaves de su bolsillo y abrió la enorme puerta empujando con fuerza. Logré situar mi pie a modo de obstáculo para que no se cerrara y entré en el rellano del edificio. Era antiguo, tal vez del siglo XIX. Tan alto y oscuro como sucio. Parecía no haber sido limpiado desde el día de su inauguración. Subió en ascensor, así que traté de ascender a la misma velocidad por las escaleras. Cualquiera que me hubiera visto se habría reído de mis torpes movimientos. Ya no estaba para estos trotes, pero la curiosidad me podía.

Al fin llegué a su piso bastante más tarde que él y para mi sorpresa, había dejado la puerta abierta. Venía un extraño olor a putrefacto. Había muy poca luz en el interior, la justa para atisbar los pocos objetos y muebles dispersos por el inmueble. No oía nada, ni el más mínimo ruido. De vez en cuando se colaba por las ventanas el sonido de un coche al pasar, pero del interior de aquella casa no venía nada. Comencé a sentir una extraña inquietud en lo más hondo de mis entrañas. Era muy extraño. Seguí avanzando por el corredor cuando me pareció ver un bulto grande que colgaba del techo. Me asusté y comencé a buscar un interruptor de la luz. Lo accioné y allí estaba él, colgado de una cuerda alrededor de su cuello. Al principio me costó reconocerlo, pues el cadáver estaba en un estado de descomposición muy avanzado. Era imposible. Acababa de seguirlo hasta su piso y parecía llevar muerto meses. Sus rasgos habían casi desaparecido para dejar paso a un rostro esquelético, casi inexistente. No pude soportar el impacto y me marché, dejando la puerta abierta a mi espalda.

Cuando llegué a mi casa, llamé a la policía y les conté lo ocurrido. Después de desplazarse hasta el inmueble e investigarlo todo me devolvieron la llamada diciéndome que aquel piso llevaba meses desocupado y no habían hallado restos de ningún cadáver. Tuve suerte de ser un anciano vulnerable y asustadizo. Por eso no me cayó ninguna condena ni me pusieron ninguna sanción. Simplemente me dijeron que lo pensara dos veces antes de llamar a la policía por nada y que visitara a algún médico por si tenía algún problema de salud, tanto física como mental. Esa noche no pude pegar ojo. Sabía muy bien lo que había visto y ningún policía fanfarrón tenía derecho a reírse de mí sólo por mi avanzada edad. Ahora mismo no sabía si estaba indignado o asustado. El caso es que esa extraña mezcla de sentimientos me imposibilitó dormir y además, ese extraño personaje había conseguido crear en mí un quebradero de cabeza insoportable.

Al día siguiente cumplí con mi ritual de bajar al café después de comer. Caminaba serenamente, algo extraño tras el insomnio y los nervios acumulados durante la noche. A pesar de todo no estaba preocupado. Mis pasos tranquilos y la entereza de mi mirada no denotaban ningún tipo de miedo ante el enfrentamiento que me esperaba al otro lado de la puerta. Mi compañero no iba a estar nunca más en su asiento. Jamás volvería a escuchar sus lamentaciones y sus quejas. Su extraña muerte me había causado un vacío nunca antes imaginado, pues el impacto de la visión que tuve anoche iba a tardar mucho tiempo en borrarse de mi memoria.

Por fin alcancé la puerta del café. La abrí con suavidad y toda la parroquia me saludaba desde sus asientos con leves movimientos de cabeza. No eran capaces de separar sus ojos de la partida de guiñote ni del carajillo que les alegraba la tarde. Me senté en la banqueta que solía ocupar todos los días junto a la barra. Pedí mi café al camarero. Me acomodé en mi posición y cuando giré mi cabeza hacia la televisión, comprobé horrorizado que allí estaba él, a mi lado.


lunes, 30 de agosto de 2010

Arrivederci

-No quiero.

-¿Por qué?

-Porque no quiero.

-Esa no es una razón.

-No es necesario un motivo. No tengo ganas.

-Pero debes hacerlo.

-¿Por qué?

-Aquí soy yo el que hace las preguntas. Hazlo y deja de hacer el gilipollas.

-Pero nunca he disparado a un hombre.

-Alguna vez tiene que ser la primera.

-No me siento capaz.

-No importa. Hazlo. Es fácil. Sólo es necesario apretar el gatillo.

-Tengo la mano atenazada. No me responden los dedos. Quieto. ¿Por qué me apuntas con tu pistola?

-He dicho que aquí soy yo quien hace las preguntas. Ahora dispara o te rebano la tapa de los sesos. Deja de mirarme con esa cara de cordero degollado. Este tipo es mierda. Mátalo.

-No puedo. No soy quien para determinar quién debe y quién no debe vivir.

-Vamos, hombre. Olvídate de debates éticos. En este mundo, si quieres sobrevivir, debes terminar con tus enemigos. Ellos no dudarán ni un segundo en matarte si tienen oportunidad.

-A veces me pregunto por qué elegí esta vida.

-No debes preguntártelo, simplemente actuar. Ahora no puedes dejar la familia. Te matarán. Probablemente yo sería tu verdugo.

-Lo sé. Pero antes yo me dedicaba a un trabajo mucho más tranquilo. Jamás me había enfrentado a esta situación.

-Bueno. Tal vez esto sea temporal, hemos perdido muchos efectivos en esta maldita guerra. Espero que pronto llegue a un acuerdo el señor Pandiani. La situación es realmente complicada. Pero de momento, nos toca hacer el trabajo sucio. Lo tuyo es sencillo, así que hazlo ya.

-Pero está inconsciente.

-Mejor. Así la transición de este mundo al otro será menos dolorosa.

-¿Crees en Dios?

-No. Quien crea es un iluso. Este país está lleno de ilusos. Este mundo en general está lleno de ilusos. Sólo creeré cuando se haya demostrado su existencia.

-Pero la fe no es demostrable. La existencia de Dios no es demostrable. O crees o no crees.

-Entonces no creo. Los evangelios han sido manipulados al antojo de la Iglesia desde hace siglos. Llevan introduciendo esas estúpidas creencias en las débiles mentes del pueblo demasiado tiempo. Se lucran de su ignorancia. No es momento para hablar de esto. Ahora, mátalo.

-Muy bien. A la mierda entonces.

-¡No! ¡¿Qué haces?! ¡Aparta la pistola de tu cabeza!

-Si no puedo dejar esta vida sin que me maten, prefiero ser yo mi propio verdugo.

-¡No! ¡Maldito cabrón! ¡Detente!

-Arrivederci.

-¡No!

jueves, 26 de agosto de 2010

En el puente

Al atardecer, las sombras se habían apoderado casi por completo de la ciudad. Soplaba una suave brisa mientras cruzaba el puente. El agua reflejaba un cielo anaranjado, cubierto de nubes y comencé a tararear una canción de Clapton cuyo nombre no recuerdo ahora mismo. Me detuve y apoyé mis brazos en la barandilla mientras dejaba caer sobre ellos el peso de mi cuerpo. Miraba el agua completamente abstraído. Discurría lentamente y de vez en cuando traía consigo un piragüista que remaba plácidamente cortando la uniformidad extendida ante mí. Venían a mí recuerdos de la infancia, esa época cuya felicidad no comprendes hasta que eres adulto y la vida te ha deparado algún que otro revés. Recordaba a mis abuelos a quienes tanto quiero. Por suerte aún puedo disfrutar de la presencia de casi todos ellos. Sólo mi abuelo Daniel, cuyo nombre enarbolo siempre orgulloso, ha fallecido. No podía evitar la tristeza, como casi siempre que le recuerdo. Debo retirarme porque no me gusta que nadie me vea triste, pero a veces me resulta imposible reprimir las lágrimas. Parecía que iba a estar siempre junto a mí, pero desde ese instante cambia la percepción del mundo. Te das cuenta de que todo cuanto has oído hasta ahora, la fugacidad de la vida, la imperfección del ser humano, nuestro paso efímero por este mundo, es cierto. Comienzas a hacerte preguntas existenciales, a valorar todo cuanto te rodea y a todos los que te rodean, pues hasta entonces parece que todo va a ser siempre así, que nada va a alterar el curso de las cosas.

Parece que me he evadido por completo y aquí estoy. La gente circula a mi alrededor, los coches pasan a mi espalda a toda velocidad, el tiempo no se detiene para el mundo pero sí para mí. Deseo entonces quedarme allí envuelto en un halo de misterio, mimetizado entre la muchedumbre que todo lo arrastra, dormido en un sueño mientras estoy despierto.

Sin embargo, he de volver a la realidad. Debo seguir caminando a cierto lugar que ahora no recuerdo. Tengo que encontrarme conmigo mismo. Seguiré buscando, pero creo que no me hallaré en esta ciudad.

martes, 24 de agosto de 2010

Frente al espejo

Ya no queda nada
Nada de mí
Nada de cuantos vivieron
Nada de cuantos se fueron

No queda ni el viento
ni mi sombra
ni mi cielo

Nada del niño con gafas
nada del tímido adolescente
nada del tipo serio

Nada de ti
de tu mirada arrogante
de tu rostro enjuto
de tus huesudas manos

No me mires así
no debes temerme
sino amarme

No sabes nada de mí

miércoles, 18 de agosto de 2010

Parasiempre

La despedí en el puerto. Supe, en cuanto atravesó la pasarela que unía el muelle con aquel enorme barco que no volvería a verla más. Me ardían los labios tras el último beso y la sal traída hasta mí con la brisa marina incrementaba el dolor. Ella no se giró tras alcanzar la cubierta. Se limitó a entregar su pasaje a la azafata y una vez le fue devuelto avanzó hacia su camarote. Comprendí que ese beso fue su despedida definitiva. Sin embargo, seré incapaz de olvidar su figura mientras avanzaba por la pasarela. La cabeza gacha, sus brazos cargando a duras penas el peso de la maleta, su cuerpo embutido en su sobretodo negro. Hacía frío a pesar de estar en junio.

No sé por qué, pero permanecí allí parado hasta que la pasarela fue separada de la orilla y el barco comenzó a alejarse. Permanecí embebido en mis pensamientos mientras las enormes chimeneas comenzaban a exhalar un humo muy negro y las sirenas hacían volar miles de gaviotas asustadas por aquel terrible estruendo. Tuve que taparme los oídos. Mucha gente despedía a sus familiares a mi lado pero yo no veía a Alicia. La imaginaba en su camarote ajena a todo cuanto ocurría a su alrededor, como casi siempre. Sin embargo, pude vislumbrar su cabello rubio, inconfundible. Brillaba como nunca antes y agitaba su mano derecha al tiempo que con su izquierda me lanzaba besos, completamente enamorada. Comencé a correr gritando su nombre "¡Alicia! ¡Alicia! ¡Te amo!" Era imposible que me oyera, pero yo continué gritando entusiasmado a la par que triste. "¡Alicia!" Ella se alejaba. Cada vez se hacía más diminuto el fulgor de su cabello rubio y la estela dejada por el barco al cortar el mar se ensanchaba mientras el humo de las chimeneas se iba volatilizando conforme ascendía al cielo.

¿Cómo aprendería ahora a vivir sin ella?

viernes, 13 de agosto de 2010

Error fatal

Olvidó. Simplemente olvidó respirar. Esa tarea tan sencilla, involuntaria y necesaria. Estaba tan ensimismado en su descubrimiento que empezó a correr conteniendo el aliento. Todo a su alrededor carecía de importancia, pues se hallaba ante el tesoro más anhelado por el hombre. "Vosotros, mortales" pensaba "seguiréis sufriendo la puntualidad inexorable de la muerte. Seguiréis lamentando la pérdida de todos cuantos os rodean, mientras yo viviré por siempre". Tenía razón. Acababa de descubrir, tras siglos de experimentos, el secreto de la vida eterna. Había permanecido tan ensimismado en sus experimentos que había olvidado el significado de la muerte, la esencia de lo inerte, la senda que conduce a la vejez y a la decrepitud.

Sin embargo, el orgullo le había embebido el juicio y ahora que por fin había hallado el secreto de la vida eterna, el muy estúpido cayó en la tentación de pensar en ella. Los años no habían pasado para él, pues su concentración había sido tal que no recordaba el significado de la muerte. Allí residía su secreto, así había alcanzado la nada desdeñable edad de quinientos años.

Todo ocurrió por un descuido, un momento que su mente modeló la idea de la muerte. Entonces él cayó ante su inexorable poder, ante la guadaña descrita tantas veces en las noches de luna llena.

Sólo era una sombra.

martes, 20 de julio de 2010

Conclusiones tras el regreso

Me encontré con cientos de sabores. No podía distinguir más allá del picante al principio, pero poco a poco fui aprendiendo a diferenciar el gusto oculto más allá. Al principio resultaba complicado hallarlo entre el tráfico pesado del Distrito Federal. Millones de autos circulando a tu alrededor mientras tratas de checar la información recibida por tus sentidos es una tarea harto difícil. Parecía más bien un trabajo propio de expertos culinarios, de los mejores enólogos, de seres capaces de saborear hasta el último término cualquier tipo de sensación.

Sin embargo, el secreto se encontraba en un lugar mucho más cercano. No era necesario explorar avenidas infinitas, puestos de tacos y quesadillas o restaurantes en los que servían las mejores enchiladas del país. No era necesario adentrarse en iglesias barrocas coloniales, en enormes museos llenos de conocimientos y obras de arte precoloniales. No hacía falta explorar los rincones más místicos de la antigua Tenochtitlan, las cavidades donde los dioses Nanauatzin y Tecuzitecatl se inmolaron para dar lugar al Quinto Sol y a la Luna respectivamente, allá donde los teotihuacanos edificaron algunas de las pirámides más sobrecogedoras del planeta, uno de los lugares donde de manera más pura se puede sentir el poder de los aztecas no se encuentra el tesoro mejor guardado del México actual.

Para hallarlo es necesario recorrer los corazones de sus gentes, abiertos a todo cuanto viene del exterior, dispuestos a proporcionarte lo mejor de cada uno de ellos. Son seres insuperables, capaces de hacerte olvidar por completo tu vida en esta ciudad tediosa y aburrida, en esta ciudad de mierda llamada Zaragoza. Gentes divertidas, amables, afables, entregadas, prestas en todo momento a hacerte sentir bien, feliz, padre, chido. No importa el método. Bien con pura sinceridad, con total simpatía acompañada de la embriaguez del tequila o de unas chelas. Sólo ellos pueden provocar en ti ese deseo de no abandonar jamás este país.

Por todos estos momentos vividos estos días y por los que aún nos quedan, muchísimas gracias a todos. Desde el DF hasta Guadalajara, desde Puebla hasta León, desde Aguascalientes hasta Puerto Vallarta. Vosotros habéis hecho que ame este país con total entrega. Habéis logrado sembrar en mí unas ansias imparables por volver muy pronto a visitaros.

Por todo ello,

GRACIAS

domingo, 4 de julio de 2010

Lo que escucho estos días

Pinche güey, a huevo, chido, qué padre, ponchar, jale, maneje, coja, chaqueta, chinga a tu madre, huevos, gripa, cabrón, madre, culero, chamarra, chamaco, chavo, peso, no más güey, órale pues...

sábado, 3 de julio de 2010

Llegada al Nuevo Mundo

Mientras desciende el avión entre grises nubes de tormenta, el primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven suena en mis cascos, dando al momento del aterrizaje mayor emoción. Poco a poco se atisban los edificios de la inmensa Ciudad de México. Una incabable maraña de calles y bloques de hormigón se extiende bajo nuestros pies, discurriendo millones de coches de manera caótica y ciudadanos que aún parecen hormigas desde la altura a la que nos encontramos.

Una vez en tierra, todo se vuelve mucho más real, pues mientras sobrevuelas la ciudad no crees ver lo que estás viendo. Ahora se dramatiza la escena, el tráfico es mucho peor de lo que parecía. Los intermitentes parecen están de adorno y los policías miran desinteresadamente el caos que discurre de manera sorprendentemente ordenada. Miro con curiosidad todo cuanto pasa por la ventanilla del coche. Farmacias con las puertas abiertas de par en par, tiendas de muebles cerradas ya a cal y canto, pues son cerca de las ocho de la tarde. Comercios de todo tipo se amontonan en las grandes avenidas, restaurantes que no cierran y bares de copas con gorilas a la entrada. Me encuentro en la ciudad más grande del planeta.

El olor es extraño. La contaminación es muy intensa y eso se nota en el ambiente. Sin embargo, los restaurantes y puestos donde venden tacos y otros productos típicos de aquí, dan un toque delicioso al aroma de la ciudad. El cielo encapotado y la amenaza de lluvia hacen que la humedad sea grande y no hemos de olvidar que nos encontramos a unos mil doscientos metros de altura sobre el nivel del mar.

Me gusta la calma con la que vive la gente. No hay prisas pero sí mucha amabilidad. La hospitalidad de los mexicanos es infinita y a veces incluso te sientes agobiado, pues es difícil encontrar en los bares y restaurantes de España un trato tan cercano. Te hablan con dulzura, te preguntan dos veces por minuto si todo está bien y te halagan comentando el buen papel que España está haciendo en el Mundial. Aquí el fútbol es casi una religión. La afición que hay por el deporte del balón se convierte en devoción. Anoche, la segunda pregunta que me hacía la gente era si me gustaba el fútbol. Les decía sinceramente que no mucho y ellos me miraban sorprendidos, pues creían que en España todos éramos hinchas de uno u otro club de fútbol. Enseguida cambiábamos el tema de conversación hacia la música, pues estaba claro que en eso sí coincidíamos.

Me siento en otro mundo. Todo es muy distinto, como podéis observar, pero a la vez muy parecido. La gente vive la vida de otra manera, pues las posibilidades que ofrece México no son tan grandes como las de Europa. Aún así, ellos se sienten orgullosos de su patria, ganada de manera tan dura contra el conquistador español. Luchan cada día por hacer un país mejor y en ellos se puede observar la alegría de vivir.

Seguiré descubriendo este lugar del mundo en los próximos días.

jueves, 1 de julio de 2010

Ciudadano del Mundo

Me hallo a pocas horas de comenzar una gran aventura. Acabo de cerrar la maleta, empujando con mis rodillas para apretar hasta el límite mi equipaje. Parto hacia el Nuevo Mundo. Nunca antes había cruzado el océano Atlántico, la gran masa marina que nos separa de América. Admiro a aquellos hombres que sin saber lo que hallarían más allá del horizonte se lanzaron a una empresa difícil y arriesgada. Eso sí, detesto todo lo ocurrido después. Seguramente ya lo sabrás, así que mejor te ahorro los detalles.

Cuando al fin pueda besar la tierra tan idolatrada por los europeos desde hace cientos de años, el continente que permaneció oculto a nuestros ojos durante milenios, pues éramos incapaces de ver más allá de nuestro propio ombligo, no sé qué sensación experimentaré. Soy incapaz de imaginarlo.

Estoy impaciente por desembarcar en México, descubrir sus secretos, enamorarme de su gente, recorrer su vasto territorio, aprender su historia, predicar su legado. Quiero seguir explorando este planeta del que soy habitante, pues hace tiempo que dejé de creer en patrias. Siempre he temido los nacionalismos.

Soy ciudadano del Mundo.

lunes, 28 de junio de 2010

Urbe taimada

La ciudad permanece silenciosa. A estas horas de una noche dominical, soy una sombra que se arrastra por las calles entre inertes bloques de ladrillo y hormigón. Las ventanas se burlan de mí ante mi paso y las persianas cerradas de los comercios condenan esta osadía nocturna. Estoy solo. No hay nadie más despierto. Cada rincón de Zaragoza es mío. El silencio sólo es interrumpido por el leve sonido de mis pisadas. Sin embargo, la sensación de impunidad no es comparable a la soledad que siento. Te imagino lejos, sola y con un poco de suerte, pensando en mí. Pienso entonces en la felicidad que me produce estar juntos, en la satisfacción proporcionada por tu presencia. Trato entonces de entrar en el bar cuya persiana permanece todavía entreabierta, pero no hallo al otro lado permiso de admisión. Prosigo mi caminata hasta mi hogar. Me desnudo, deshago una vez más la cama y caigo rendido entre las sábanas, dejando que la gravedad ejerza toda su fuerza en mí. Cierro los ojos, pienso en ti. Me quedo dormido.

¿Dónde estás?

viernes, 25 de junio de 2010

Saber esperar

Esperó pacientemente a que la niña viera su rostro reflejado en el escaparate. Le divirtió su mirada ansiosa ante la muñeca expuesta al otro lado del cristal, la expresión de su rostro cuando pidió a su madre, tirándole del bolso, que le comprara aquel precioso juguete. Entonces dirigió su objetivo hacia donde se encontraban, enfocó su vieja cámara y disparó una de sus mejores fotografías.

viernes, 18 de junio de 2010

El último viaje

A veces se apaga una estrella que brilla con luz propia, un ser cuyo mensaje de justicia ha llegado a prácticamente todos los rincones del mundo. Un transmisor de emociones, de creencias y filosofía. Un aventurero amante de una isla situada en un hermoso archipiélago africano, tanto, que decidió morir allí, en ese fragmento de tierra en medio del mar.

Nació pobre, trabajó desde temprana edad por su familia y formó parte en la clandestinidad del Partido Comunista en Portugal durante la dictadura de Salazar. Comprometido siempre con los derechos humanos y con la razón, el mayor arma del hombre frente a la violencia y la brutalidad, su obra refleja siempre ese ansia por ir más allá del materialismo en el que vive nuestra sociedad.

Pensemos, como él quería. Pensemos y conozcamos el mundo que nos rodea, pero pensemos siempre en el bienestar de los seres humanos. Busquemos ese camino a la igualdad entre los hombres, a la plena libertad, a la implantación universal de los Derechos Humanos.

No dejemos nunca de luchar.

Hasta siempre, Saramago.


miércoles, 16 de junio de 2010

Levedad

Comenzó a batir sus alas y se elevó poco a poco, despegando sus pies del suelo. Los contemplé mientras ascendían más allá de mi cabeza y las facciones de su rostro desaparecían conforme tomaba altura. Paulatinamente se fue haciendo más pequeño, se convirtió en un punto brillante en el cielo, pues el reflejo del sol al golpear su cabello, podía verse a kilómetros de distancia. Seguí su trayectoria con mi mirada hasta que el horizonte me impidió contemplar su recorrido más allá.

Su destino es incierto, mas puedo estar seguro de que será feliz dondequiera que esté.

jueves, 10 de junio de 2010

Demasiado tarde


No había terminado de caer el Sol cuando un estruendo sacudió la ciudad. Todo el mundo quedó callado, absorto en la contemplación de la explosión. Una gran nube gris espongiforme cubrió el cielo, terminando de oscurecer los pocos resquicios de luz que aún emitía el ocaso. Nadie se movió. Se detuvo el tiempo. Los coches interrumpieron su ajetreada marcha quedando a merced de la onda expansiva. Las pequeñas aves que surcaban en ese instante el cielo, permanecieron suspendidas en el aire, como en plena levitación. No hubo un solo grito, una sola palabra de acongojamiento, un solo "sálvese quien pueda". No hubo tiempo ni reflejos.

Humanos. Habéis jugado a ser dioses y ahora llega el momento de la extinción total de vuestra raza. Vuestro progreso tecnológico no os ha hecho mejores. Seguís siendo la misma mierda que hace siglos empezó a pugnar en grandes batallas por un territorio que jamás pertenecerá a nadie por mucho que os empeñéis en dibujar fronteras en vuestros mapas. Desde aquí, desde mi nave espacial no puedo ver las líneas que separan vuestros países ni las murallas que os protegen de vosotros mismos. ¿A qué viene ese miedo por vuestro vecino? ¿Esa ansiedad por poseer más que el prójimo? ¿Ese afán por imponer unas religiones caducas que no deberían tener cabida en una sociedad plenamente desarrollada?

No sois nada. Sólo pequeñas motas en un universo lleno de grandes cataclismos y nubes de gas. Materia inerte, restos de restos, polvo de estrellas que un día fueron gigantes rojas para convertirse en supernovas. Dejad de imponer vuestras estúpidas reglas. Estáis sometidos a los caprichos de un universo mucho más poderoso que el mejor de vuestros ejércitos.

Ahora es demasiado tarde para arrepentirse.

martes, 1 de junio de 2010

No aprendemos


Tras el último atentado perpetrado por el ejército israelí contra el barco cargado de ayuda humanitaria cuyos beneficiarios eran los habitantes palestinos de Gaza, me declaro antropológicamente pesimista.

Y es que ya lo decía Plauto, "homo homini lupus".

lunes, 24 de mayo de 2010

Silencio


Al final del tercer movimiento, cuando la música se interrumpe brevemente y el mayor momento de tensión ha pasado, ella me mira, sonríe y susurra un "te quiero" tan débil que sólo llega a mis oídos.

Sin tiempo de reacción, la miro con ojos de cordero y ella devuelve rápidamente la vista al piano. Sus manos se sitúan de nuevo sobre el teclado y comienza a sonar un nuevo movimiento.

Entonces todo es maravilloso.

jueves, 13 de mayo de 2010

Con sabor a chocolate

Atravesó la verja que la separaba del bullicio urbano, giró su cabeza hacia donde me encontraba y vino corriendo impaciente, ansiosa por abrazarme. Abrí entonces mis brazos y la estreché entre ellos, transmitiéndole el poco calor que quedaba en mi cuerpo -Zaragoza a veces te sorprende con un frío día en pleno mes de mayo- sintiendo su cuerpo frágil, suave y tierno adherido al mío.

Portaba en su mano derecha un pequeño paquete envuelto en papel de alumnio. Enseguida me lo ofreció con una sonrisa inmensa. Su boca era una abertura mágica capaz de hacer desaparecer todo cuanto se encontraba a nuestro alrededor, convirtiéndose en el centro del universo, el punto exacto de la perfección, la belleza extrema.

Abrí el envoltorio intrigado, pero el aroma que emitía era inconfundible: chocolate en forma de pastel. La miré emocionado, pues me gusta tanto como a ella. Me devolvió la mirada con sus ojos radiantes, brillantes, plenos de alegría y me besó. Extraje una porción de pastel y la compartí con ella. Nunca antes me supo tan bueno este singular elemento. No sólo sabía a chocolate el pastel, sino que nuestros besos se contagiaron de ese sabor.

En ese momento, todo se convirtió en chocolate.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El día que dijiste mi nombre

¿Quién soy?

"Daniel", dijo mi abuelo con voz tenue y frágil, mostrando en las arrugas de su rostro el gran esfuerzo realizado para emitir cada fonema que forma mi nombre. Sus ojos brillaban tal vez por la alegría de reconocer en mí al nieto que crió durante muchos veranos en la pequeña localidad de El Bayo. Su mano temblorosa se aferró a la mía y con sus labios sonrientes besó suavemente mi mejilla.

Si hay algo que no has perdido, abuelo, es tu amor por los seres que te rodean y te acompañan en todo momento. Aunque tú no lo sepas, en ese instante me sentí tan dichoso y feliz que no pude reprimir unas lágrimas de emoción ante tu hazaña. Mucha gente no lo comprenderá, pero convendría explicarles una cosa: cuando normalmente te pregunto por mi nombre, tú me miras, ríes inocentemente, alzas tu mano hacia mí y me señalas con el dedo índice. No sé si sabes realmente quién soy, pero sonrío y te digo alguna tontería para que tú también sonrías. Maldito Alzheimer, mascullo entonces.

Sin embargo, el pasado sábado dijiste mi nombre y eso bastó para coparme de felicidad.

Ojalá lo repitas muchas veces más.

lunes, 10 de mayo de 2010

Prodigios


La ingravidez congeló el momento de máximo placer.
Se conjugaron los astros
para exhibir ante mis ojos aquellos labios carnosos que pedían ser besados.

Y yo
esclavo de tus miradas
poco pude hacer para evitar concentrar en ti toda mi atención.

Las caricias
prodigio humano de incomparable valor
discurrían de manera natural las curvas de tu cuerpo
los lunares que algún día aprenderé de memoria.

Se prolongaron indefinidamente
las muecas de felicidad
la tentación de no dejarte marchar
los besos hendidos en tu piel
la saliva esparcida por nuestros cuerpos

Entonces se acallaron
la inquietud y los nervios
las dudas y el silencio
sólo quedamos los dos.


miércoles, 5 de mayo de 2010

Encuentros

-Buenos días.

-Buenos días.

-Perdone, pero ¿le importaría explicarme qué hace desnuda en mi cama?

-No lo sé. Acabo de despertarme así. El caso es que usted también se encuentra desnudo.

-Sí. Acabo de darme cuenta. No entiendo nada.

-Yo tampoco.

-¿Qué le parece si me dice su nombre?

-Claro, me llamo Penélope. ¿Y usted?, si no es indiscreción, claro.

-Oh, por favor. Por supuesto que no. Me llamo Ángel y estoy encantado de conocerla, Penélope.

-Lo mismo digo, Ángel. Tiene usted un nombre precioso, celestial, místico.

-El suyo es rimbombante, mitológico, bello como pocos. Por cierto, sus ojos parecen atravesarme cada vez que me miran.

-Lo siento. No puedo evitarlo. Es usted muy apuesto, caballero.

-Ay. Va a conseguir ruborizarme, no querría ponerme colorado delante de una mujer tan hermosa.

-Ahora soy yo quien se sonroja, Ángel. Por cierto, me está abrazando poco a poco. Ha ido usted moviéndose lentamente hasta atraparme casi por completo. No, por favor, no se separe. Su cuerpo es cálido y la habitación está muy fría.

-Disculpe. No podía esperar este cambio tan brusco de tiempo en pleno mes de mayo. Sin embargo, le ofrezco mi calor pues no puedo evitar aproximarme un poco más a usted.

-Sí, gracias. Soy incapaz de decirle que no. Me siento tan bien bajo sus brazos. Parece que nos conozcamos desde hace años.

-Sí. Su cuerpo y el mío encajan a la perfección. Le voy a besar si está de acuerdo, Penélope.

-Con sumo gusto, mmmm... qué labios tan suaves, mmmm... qué manifestación de delicadeza tan extraordniaria...

-Mmmm... ¿sabe? Jamás mmmm... había mmmm... probado unos labios como mmmm... los suyos mmmm...

-Por favor mmmm... no deje de besarme mmmm... no permita que pierda un ápice de calor...

-¿Hacemos el amor?

-Sí.


viernes, 23 de abril de 2010

Hechizo

Eres tímida. Tímida y adorable. Sólo tú podrías hacerme estremecer con una mirada tras haber evitado mis ojos sólo por ser tímida. Nadie más me haría obtener un placer tan grande únicamente con una sonrisa, con una mueca de felicidad. Está claro que conoces el secreto de la magia, el misterio intrínseco del corazón, las palabras breves y concisas que atestiguan una pura sensibilidad.

Las caricias son muestra externa de estas virtudes, pues cuando se unen nuestras manos pones en ello tu mayor dedicación, observando con mirada perdida los movimientos dibujados por tus manos, sintiendo el tacto de mi piel, logrando desatar en mí un impulso casi irrefrenable.

No temes el silencio. Poco importan los minutos sin palabras, sin banales frases que carecen de significado. Yo también lo prefiero. Caminas con los ojos clavados en el vacío, dando vueltas y más vueltas a no sé muy bien qué pensamientos, y eso a veces me inquieta. Sin embargo, a mí tampoco me cuesta demasiado caer en un estado de total ensimismamiento, así que procuro no inmiscuirme en tus cavilaciones. La mente camina por senderos inescrutables.

Los labios se unen y entonces todo es frenesí. Se acaban las penas, se muere el llanto, se cierran los ojos... Sólo queda lugar para el sabor. Los fluidos se entremezclan dando pie a una macedonia de gustos. Los besos son suaves, casi podría decirse que se trata de caricias ejecutadas por la boca. Se humedecen los tejidos labiales mientras se acaba el mundo. Nada más existe. El instante es breve a la par que eterno. Todo es etéreo, idealizado, imaginado. La realidad se reduce a ti., pudiendo desaparecer todo lo demás sin que importara lo más mínimo.

Ahora debes partir cual cenicienta vestida de gala antes de que se acabe el hechizo. Ese hechizo del cual yo no puedo librarme. Parece que he caído irremediablemente.



martes, 20 de abril de 2010

El pueblo decide hasta cuándo

Era un ser repulsivo. Ocultaba permanentemente su sucia mirada bajo unas carísimas gafas de sol. Tenía nariz aguileña, siempre dispuesta a arrancar hasta la última porción de carroña del cadáver político de sus enemigos. Su boca expelía un terrible aliento, mezcla del tabaco que fumaba continuamente y las soeces palabras que gustaba dirigir a sus contrincantes en el parlamento regional. Además, su voz estaba gastada por el efecto de los cigarrillos, rota, casi inaguantable para quienes debían soportar sus discursos.

Vestía siempre traje a medida, negro, tratando de esconder una barriga de tamaño considerable. Su vientre se abombaba irremediablemente como muestra de los atracones a los que le invitaban los empresarios beneficiarios de las recalificaciones masivas de suelo, o de los macroproyectos urbanísitcos que se aprobaban desde las instituciones regidas por él con total impunidad. Creía vivir más allá del bien y del mal, ejerciendo con mano de hierro un poder abrumador, sin que nadie pusiera ningún tipo de objeción a sus ilegales actuaciones.

Jueces y compañeros de partido le apoyaban frente a las críticas recibidas desde la oposición. Muchos periodistas habían realizado investigaciones descubriendo importantes tramas de corrupción, intercambio de regalos y favores, pagos de dinero en negro y otros asuntos más desagradables, pero ningún adalid de la justicia parecía dispuesto a poner freno a sus delitos.

Una noche de primavera, cuando el país se hallaba frente al televisor esperando con ansia el resultado de las elecciones, toda la región presidida por aquel indeseable estalló en júbilo al observar el escrutinio final. Había perdido. Ellos y sólo ellos consiguieron acabar con años de gestión desastrosa y latrocinio. Ahora un nuevo político alcanzaba la presidencia y tal vez al fin pudieran ser castigados los delitos cometidos hasta ese momento. Al fin un cambio en la política, al fin pudieron dejar atrás veinte años de mandato ininterrumpido. Lo que no comprendían es cómo no habían sido capaces de apartarlo antes del poder. Nadie quiso echarse culpas, pues lo mejor era celebrar la victoria de la democracia y la llegada del sentido común. Aquel tipo jamás volvería a aprovecharse de su posición aventajada y seguramente se pudriría en la cárcel.

Ojalá así sucediera con todos los políticos que se ríen de nosotros.

domingo, 18 de abril de 2010

Poco que decir

Di una última calada al habano antes de proseguir la lectura del periódico. Ninguna noticia interesante. Estaba claro que hoy iba a ser un día como cualquier otro. No perdí más tiempo con aquel amasijo de hojas y cerré los ojos para dormirme. Cualquier sueño será siempre mejor que la realidad.

jueves, 15 de abril de 2010

Descenso

Cayó del árbol súbitamente. No esperaba separarse todavía de sus hermanas, pero el viento quiso arrancarla del álamo sin previo aviso. Rugió entre los robustos troncos del bosque para expulsar con fuerza a la hoja, la cual se rindió inmediatamente a la brutalidad de su enemigo. Las ramas de la alameda entonaron un réquiem al observar cómo se perdía una de sus hijas, pero era inevitable que esto ocurriera, pues los otoños son crueles, fríos e intempestivos, más aún en el valle del Ebro. Aquí, el Cierzo, ese viento que te llena la boca y tiraba los carros de heno en tiempos de Catón no ha dejado de soplar un sólo día. Puede llevar más o menos intensidad, más calor o más frío, pero casi todos los días arrastra, según dicen desde el Moncayo, la fuerza que todo lo mueve en esta depresión.

La hoja se deslizaba etérea, planeando cual golondrina tratando de alcanzar su destino. Dibujaba ondulaciones en su descenso, peligrosas curvas, imposibles vueltas y revueltas. El viento se divertía manejándola con total impunidad.

Una vez llegó al suelo, descubrió que no estaba sola. En torno a ella se amontonaban cientos de hojas caídas de otros álamos. Se habían unido hasta tejer un tapiz que se extendía a lo largo y ancho de todo el bosque. La imagen era incomparable. Una alameda cuyo suelo se hallaba vestido de una alfombra modelada por la naturaleza, el cielo preparando su color para la tormenta que ya se adivinaba y más allá, el Ebro.

miércoles, 7 de abril de 2010

Desengaño ecológico

Caía la falda hasta sus pies. Mecida por el viento, permitía atisbar entre los tirabuzones la blancura de sus piernas. Permanecía erguida, absorta en la contemplación del agua que discurría bajo su mirada. Había perdido la noción del tiempo y el espacio, creyendo hallarse ante el momento justo de su nacimiento, el surgimiento de la vida, el milagro de la creación. Cerró los ojos y sólo escuchó el susurro líquido del río. Trató de discernir las palabras ininteligibles a medida que su cabeza iba quedando vacía de todo pensamiento. Fue entonces cuando comenzó a sentir su oscuro cabello agitarse animado por la brisa que le acariciaba. Se dejó llevar hacia playas inventadas, bosques olvidados y estepas lejanas. Decidió recorrer selvas aún vírgenes, praderas floridas en primavera y valles regados por aguas de un azul puro. Se sumergió en el océano, deleitando su mirada con arrecifes imposibles, colores jamás vistos por sus ojos y criaturas majestuosas. Surcó el cielo todavía azul, para llegar donde habitan los pigmeos africanos, allende hombre y naturaleza son aún conjunción en perfecta armonía. Fue capaz de concebir la idea de un mundo en equilibrio ecológico.

Entonces despertó alterada por el ruido de un motor que se encendía a sus espaldas. Hubo de olvidar todo cuanto había imaginado y volver a caminar las calles de la ciudad donde habita. Tosió debido al humo que desprendió el tubo de escape de aquel coche al arrancar y su ceño se frunció al observar en el cielo la infinita nube negra exhalada por la espigada chimenea de la factoría. Se percató entonces de que todo había sido un sueño y el río que creyó ver teñido de azul, no era más que un arroyo en el que la basura se amontonaba sin que nadie pusiera impedimento alguno.

Cerró los ojos y lloró.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Extraño comportamiento

Se sentaron frente a mí en el autobús. Ella se mostraba reacia a las caricias que él trataba de ofrecerle. No sabría decir si era un rechazo por timidez o por miedo, pues sus ojos reflejaban una expresión poco concreta. Él pasó su brazo por encima de los hombros de la mujer, pero ésta se mantenía distante, tratando de que sus cuerpos no se rozaran. El tipo hablaba mientras ella no prestaba mucha atención. Parecía que no tuviera mucho interés en la conversación, claro que él no se daba cuenta y seguía atosigándola con sus mamarrachadas.

Ella tendría unos cincuenta años, pelo rubio, corto y rizado así como una cara desgastada por la edad. Sus manos estaban curtidas en mil y una batallas, causa de la dureza de su piel. Él ocultaba una galopante alopecia bajo una visera, pero todavía conservaba parte de su cabello, el cual asomaba allende su gorra terminaba. Las facciones de su cara eran rudas a la par que simpáticas, una mezcla que no me ofrecía demasiada confianza, pues no me dejo guiar por el rostro de las personas, ya que la verdadera personalidad se halla más allá de unos simples rasgos faciales.

Me sentía un poco incómodo sentado frente a ellos, pues la actitud de la mujer no era demasiado usual y menos ante las muestras de cariño de quien supuestamente es su pareja. Todo eso me daba muy mala espina, pero tuve que levantarme para pulsar el timbre y que en la próxima parada se abriera la puerta para bajar del autobús. Entonces enfilaría el camino que me lleva derecho a mi hogar.


martes, 2 de marzo de 2010

Una de mafiosos

Fue así de fácil. Sólo tuve que apretar el gatillo para ver cómo la bala se incrustaba en lo más hondo de su cerebro. No me creía capaz de hacerlo pero le disparé. Murió con expresión incrédula, anonadado por un valor del cual no me creía poseedor. Su sangre salpicó mi gabardina al tiempo que en mi rostro se dibujaba una mueca de asco. Sólo pensar que jamás podría eliminar los restos de sus fluidos de mi chaqueta me producía náuseas.

No me arrepentía de haberle matado. Había sido siempre un ser humano atroz, desde que le conocí en la escuela con diez años. Entonces ya era el matón de la clase y nunca perdería su rol. Enseguida se rodeó de secuaces patéticos, quienes reían sus gracias. Se ganó muchos castigos por vivir al margen de la ley y cuando abandonó el colegió se vio enrolado inmediatamente en el mundo de las mafias. Reconozco que era un tipo inteligente, pues no es fácil trepar a la velocidad que él lo hizo dentro de un cártel. Pasó de chico de los recados a padrino en apenas cinco años, un caso excepcional ante el cual todos los policías nos quitábamos el sombrero, pues el sistema camorrista no da muchas oportunidades de escalar en la pirámide del poder. Sin embargo, Garrone era distinto. Se sabía ganar fácilmente la confianza de la gente y su cara de niño bueno ocultaba el monstruo que bajo su piel habitaba. Ah... cómo me gusta emplear el pretérito imperfecto para hablar de él, pues eso significa que está muerto. Bueno, volvamos a donde estábamos. Garrone poseía unas dotes esenciales para llegar donde llegó: era alto, bien plantado, de espaldas anchas y piel morena. Se podía decir que era un seductor nato y no sólo con las mujeres, sino también con aquellos hombres de quienes podía sacar provecho. No me malinterpreten, Garrone nunca tuvo un lado sexual oculto, simplemente usaba las habilidades diplomáticas que su cuerpo le otorgaba para engatusar a sus superiores y manejarlos a su antojo. Sus movimientos eran elegantes, un complemento perfecto para su astucia, una auténtica bomba de relojería. Se rumoreaba que se había acostado con más de doscientas mujeres, aunque entre los policías es bien sabido cuánto exageran los camorristas en estos temas.

El caso es que Garrone había conseguido controlar el noventa por ciento de la droga que se movía en España. Tras una fulgurante carrera en Nápoles, cuyo puerto era casi patrimonio de su cártel, llegó a nuestro país con el único objetivo de hacerse con la distribución de toda la droga que entrase bien desde América Latina, bien desde Marruecos, o bien desde Italia. Esta era una misión prácticamente imposible, pues los cárteles del centro y el sur de América no se andan con chiquitas. Por menos de nada te cortan los huevos y te los hacen comer de uno en uno mientras te arrancan las cejas con unos alicates. Así las toman con quienes se cruzan en su camino. Sin embargo, Garrone fue un hueso duro de roer. Consiguió engañar a los camellos encargados de distribuir la droga en España y poco a poco los narcos sudamericanos fueron viendo cómo sus ingresos descendían bruscamente. Poseía plenos poderes, pero le cogimos. Y es que Garrone también tenía trapos sucios, sucísimos más bien. Una serie de asesinatos entre los más altos cargos de los cárteles sudamericanos y centroamericanos nos pusieron en alerta. Así pues, comenzamos a investigar cuando un día descubrimos en un piso franco una serie de fotografías en las que Garrone aparecía orinando sobre los cadáveres de estos desgraciados. No nos hizo falta una gran capacidad de deducción para darnos cuenta quién era el responsable de las muertes.

Las pesquisas nos dirigieron hacia una mansión situada a las afueras de Madrid, en un tranquilo paraje de la sierra. Iba junto a mi compañero, Estévez, en un coche patrulla camuflado. Dos guardias trajeados y con gafas de sol permanecían firmes frente a la puerta de entrada. Nos identificamos y nos dejaron pasar sin oponer resistencia, hecho que sin duda nos sorprendió. Una vez dentro descendimos del coche y fuimos dirigidos por una hermosa mujer hacia un gran salón decorado con gusto deleznable. Estaba claro que Garrone no invertía en decoradores, aunque no estábamos allí para tomar nota de los interiores, sino para aclarar ciertos asuntos. Comenzamos a hablar amistosamente tratando de extraer algún tipo de información, pero Garrone esquivó nuestras preguntas sin dificultad alguna. Finalmente no nos anduvimos con rodeos y le mostramos las fotografías, recomendándole que se entregara pacíficamente o las cosas se pondrían mucho peor. Ante un chasquido de dedos de Garrone, una tropa de gorilas se abalanzó hacia nosotros. Les esquivamos a la par que disparábamos sin tregua contra sus cuerpos, los cuales caían en el suelo ya sin vida. Al final, sólo quedamos Garrone y yo. Nos batimos en una dura pelea de la cual tardé varios días en recuperarme, pero fui capaz de atravesarle la sién con una certera bala, tal como os he relatado al principio de esta historia.

Ahora me hallo recluido en prisión, pagando por mis delitos de colaboración con organización mafiosa y distribución de sustancias ilegales en España. Sí, soy un policía corrupto -bueno, lo era- que desde el principio de su carrera trabajó para Chico Varela, uno de los narcos más importantes de México. He permanecido bajo la larga sombra de la justicia largo tiempo, pues cuando asesiné a ese maldito napolitano, un chivatazo hizo saltar todas las alarmas. Comenzó a investigarse dentro del cuerpo de policía a todos aquellos que habíamos participado en el caso y como podéis deducir, me pillaron.

Yo también soy italiano. Aunque nací en Palermo, mi familia se vio obligada a emigrar hacia Nápoles cuando yo tenía nueve años por motivos laborales de mi padre. La vida en la ciudad no era fácil. La camorra estaba presente en todas las instituciones y hechos que sucedían cada día a los pies del Vesubio. Se podía respirar un ambiente enrarecido, una tensión creciente cuando una guerra estallaba entre familias. Explosiones, accidentes, cadáveres acribillados a balazos... El ambiente no era el más idóneo para un niño de mi edad, aunque bien es cierto que Palermo tampoco era un sitio muy recomendable, pues la Cosa Nostra ejercía una influencia similar a la de la Camorra napolitana. En ese ambiente conocí a Garrone, el tipo más duro de la escuela, un cerdo que violó a mi hermana sólo porque fue incapaz de seducirla y al que no volvería a ver hasta veinte años después.

Marché a España cuando terminé el instituto e ingresé en el Cuerpo Nacional de Policía, pasando pronto a trabajar en la brigada antidroga. Mientras investigaba un alijo incautado en una barcaza requisada en Vigo, interrogué a uno de los secuaces de Chico Varela. Prometió darme mucho dinero si intercedía por él ante el juez y como mi sueldo no era muy elevado, pensé que me vendría bien una ayuda para mi familia, la cual se hallaba en una difícil situación tras el repentino fallecimiento de mi padre. Ayudé a aquel tipo y el juez le rebajó la condena a un año de prisión o al pago de una ridícula indemnización. Así pues, Chico Varela, muy agradecido por haber ayudado a uno de sus gregarios, comenzó a darme dinero a la par que me pedía cada vez favores de mayor importancia. Me vi sin querer metido en uno de los cárteles más importantes de América Latina, mientras al otro lado del Mediterráneo, Garrone se hacía con el poder en Nápoles y ya planeaba dar el salto a España, puerta a Europa de la droga producida en los países centro y sudamericanos. Ese maldito napolitano, por quien sentía un odio visceral, se había cruzado en el camino de uno de los narcotraficantes mas peligrosos y nocivos del planeta. Mi misión consistía en eliminarle haciéndome pasar por lo que era, un honrado policía. Bueno, lo de honrado podéis obviarlo. El caso es que cumplí con sumo gusto mi papel, pues pude vengar la afrenta cometida por Garrone contra mi hermana y mi familia veinte años atrás.

Todavía me quedan catorce para dejar la prisión y entonces ya no tendré edad para trabajar ni para buscar un trabajo. Sin embargo, cada vez que recuerdo el rostro atónito de Garrone cuando apreté el gatillo, siento un inmenso placer, dibujándose una sonrisa diabólica en mi rostro. Mereció la pena.

jueves, 25 de febrero de 2010

Estiaje


La tormenta llegó a aquel pequeño pueblo cargada de solemnidad. Había sido precedida por un vendaval a modo de séquito, el cual anunció a todos que la calma tocaba a su fin. Por suerte, pude llegar a casa antes del diluvio, así que guardé la vieja bicicleta en la cochera, corrí a la cocina para prepararme un bocadillo y entré al salón, donde mi abuela hacía un puzzle al tiempo que mi abuelo leía una de esas novelas quijotescas que tanto le gustaban. El televisor permanecía encendido sin nadie que le prestara atención, aunque de vez en cuando mi abuela despegaba por un instante la vista de su tarea y entornaba los ojos sobre sus gafas casi sin mover la cabeza, mascullando leves críticas ante la retahíla de imágenes.

Me senté un instante en el sofá a devorar mi bocadillo, pero enseguida mi abuelo se incorporó al percatarse de que la lluvia era inminente. Salió del salón, abrió la puerta de la calle y volvió a sentarse, pero esta vez en el porche. Siempre recordaré aquel porche como un vergel lleno de macetas donde el color verde triunfaba sobre todos los demás, aunque el rosa y el rojo también poseían una nutrida representación. Además, una parra flanqueaba el perímetro del porche, proporcionando una agradable sombra en los días más calurosos del verano. Sin embargo, aquel día poca sombra podía dar, pues el Sol se hallaba preso entre las nubes, luchando por escapar de la trampa que le había tendido la tormenta.

La lluvia comenzó a golpear el asfalto de la calzada acompañada de unos rayos y truenos capaces de estremecer al mismo diablo. El espectáculo era insuperable. Las nubes habían ennegrecido el cielo sumergiendo al pueblo casi en la total penumbra, pero los relámpagos, tal vez lanzados por el mismo Zeus, devolvían la luz a nuestros rostros mientras me llevaba el bocadillo a mis fauces.

Mi abuelo fumaba un "celtas extra" pausadamente mientras la tormenta se cebaba con los pinos, agitándolos cual peleles. Permanecía en silencio y de vez en cuando me gastaba una de sus bromas al término de las cuales rompíamos a reír y se oía a mi abuela gritar, "Mariano, que eres peor que el crío", frase que a los dos nos provocaba unas carcajadas más sonoras si cabe.

La tormenta pasó quedando un frescor puro y sano, viniendo a mi olfato el aroma de la lluvia, el olor de la naturaleza. En El Bayo, cuando regresa la calma tras la tempestad, parece florecer de nuevo la primavera, pues el Sol se deshace de las tinieblas apoderándose una vez más del cielo. Siempre guardaré estas sensaciones en mi cabeza como bellos recuerdos de mi infancia.

domingo, 7 de febrero de 2010

La verdad

Nació casi por equivocación y murió por puro afán. No intenten saber quién es pues se sorprenderían. Solía caminar bordeando el acantilado mientras silbaba una melodía tétrica, observando más abajo las olas del mar rompiendo furiosamente en la piedra. Llevaba las manos metidas en los bolsillos, pues creía conservar así mejor el equilibrio al tiempo que oteaba el horizonte en busca de la verdad.

Esta verdad le dejó patidifuso cuando la descubrió al resbalarse y caer por el precipicio. Pudo vislumbrarla por unos instantes antes de que su cuerpo impactara violentamente contra el encrespado océano.

Sólo entonces fue capaz de comprender.